8 Decisiones para Amarte a Ti Misma: 1era. Decisión

Estoy frente a mi computadora, degustando una taza de té a mi lado y disfrutando al máximo este momento; por fin, después de tener que superar tanta duda e incertidumbre, escribo y presento mi primer post en mi blog personal. Y no estoy hablando de una duda que recién acaba de surgir, es una duda que desde hace muchos años nos desea paralizar a las mujeres. Hablo de un miedo de nunca sentirnos suficientes, o incluso, de sentirnos demasiado.

Desde muy pequeñas nacimos con ese deseo ferviente que nuestros padres nos observaran y nos dijeran cuán bellas nos mirábamos con ese vestido pomposo y lleno de encajes. Y a medida que crecíamos, deseábamos ser el orgullo de nuestra familia. Queríamos destacar en algo, algunas entrenábamos duro en natación, otras en fútbol, en la lectura, en matemáticas, en música o en arte. Cualquiera que sea la actividad que realizáramos, queríamos recibir esa sonrisa de “¡lo hiciste muy bien!”. Cuando llegamos a salir con chicos, empezaron a repetirse algunas palabras que desde ya hacía mucho tiempo escuchábamos dentro de nosotras: “Pero, ¿por qué no desea estar conmigo?, ¿por qué eligió a alguien más?… Acaso, ¿tengo algo de malo?”

Ahora, nos levantamos temprano; algunas a estudiar, otras a trabajar u otras a servir a la familia en casa. Tenemos que hacer tantos mandados, pero en medio de tanto ajetreo, intentamos lucir lo mejor que podemos físicamente. O nos maquillamos, o luchamos por bajar esas libritas que tanto nos cuesta bajar, o nos pintamos el cabello de otro color. Orquestamos mil ideas para poder atraer ese muchacho que tanto nos gusta. Y otras se quedan sin ideas de cómo recibir atención de su esposo, pues ya lo intentaron todo. Al final de día nos quedamos exhaustas, y lo único que deseamos es sentirnos amadas y rescatadas de ese desaire constante: “no eres suficiente”, “eres demasiado”. Y nuevamente nos preguntamos, “¿qué tengo de malo?” Esta última pregunta… que taladra muy fuertemente en nuestra alma, nos hace creer desde niñas que sí tenemos algo malo, algo muy malo dentro de nuestro ser. Esa ha sido el arma del enemigo: hacernos creer que no somos dignas de ser amadas. Y a partir de ello, nuestra autoestima y amor propio ha sido minado, hasta el punto de dejar ese campo en escombros, sin vida, sin esperanza.

Según el autor y psicoterapeuta canadiense Nathaniel Branden, en su libro “How to Rise Your Self-Esteem”, menciona que los dos componentes de la autoestima son: un sentimiento de competencia personal y un sentimiento de valor personal. En otras palabras, la autoestima es la suma de la autoconfianza y auto respeto. Tener una baja autoestima, significa sentirte inapropiada para la vida; sentirte mal, no sobre algo en específico, sino mal contigo misma, como persona. Ahora bien, tener una autoestima promedio es fluctuar entre sentirte apropiada e inapropiada a la vez. A veces te sientes bien como persona, a veces no. Y esto da como resultado inconsistencias en tu comportamiento, actuando sabiamente por momentos, y otras neciamente, reforzando incertidumbre dentro de ti.

¿Cómo evalúas tu autoestima? ¿te sientes mal contigo misma? ¿por lo que haces, o por lo que eres? Medítalo, y pide a Dios que el examine tu corazón y sea Él quien verdaderamente revele la condición de tu corazón, para que no huyas de ti y te auto engañes.

Recuerdo que hubo un momento en mi vida en donde toqué fondo emocionalmente; como vasija en Sus manos, fui quebrantada ante mi Padre y no tuve escapatoria en reconocer mi impotencia de controlar mi vida. Así que le dije: “Padre, mi vida es un verdadero desastre. Cometo una y otra vez los mismos errores. Tu Palabra dice que Tú me prometes una vida abundante, pero a cómo voy, esa vida no la podré alcanzar. ¡Por favor, haz algo! Por favor, ayúdame. ¡NO SÉ AMARME! No sé qué harás, pero algo tendrás qué hacer. Muéstrame que es amarme a mí misma, enséñame cómo hacerlo.”

Por eso, ahora voy a seducirla:
    me la llevaré al desierto
    y le hablaré con ternura.
Allí le devolveré sus viñedos,
    y convertiré el valle de la Desgracia
    en el paso de la Esperanza.
Allí me corresponderá, como en los días de su juventud,
    como en el día en que salió de Egipto.

»En aquel día —afirma el Señor—,
    ya no me llamarás: “mi señor”,
    sino que me dirás: “esposo mío”.
Te quitaré de los labios el nombre de tus falsos dioses,
    y nunca más volverás a invocarlos.

(Oseas 2:14-17, NVI)

Muchas de nosotras nos sentimos identificadas con este pasaje bíblico. Dios nos lleva a desiertos para que convertir ese valle de desgracias, a uno lleno de esperanza.  Caminas bajo ese sol abrasador, donde no tienes agua con la cuál saciarte. Crees encontrar bastantes cisternas, pero retienen tan poca agua, que en corto tiempo están vacías. Este desierto se llama “No Puedo Amarme”, y estas cisternas se llaman: “novio”, “esposo”, “trabajo”, “maquillaje”, “gimnasio”, “hijos”, “adicción”… y otras más.

Porque dos males ha hecho mi pueblo: me dejaron a mí, fuente de agua viva, y cavaron para sí cisternas, cisternas rotas que no retienen agua. (Jeremías 2:13, RVR1960)

Amiga mía, yo me di cuenta que por mucho tiempo atrás estaba cavando otras cisternas para llenarme de amor propio, cuando mi fuente principal debía ser Cristo. Yo estaba tan furiosa con el Señor, pero con una pequeña oración, me rendí por completo a Él. Le pude decir que reconocía que no era a mi manera, sino a la Suya. Porque Él es Dios, no yo. Solía controlar mi vida con mis propias fuerzas, con mis propios recursos y necedades. Pero tomé una decisión que cambió el rumbo de mi vida.  

Entonces Jesús dijo a sus discípulos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; pero el que pierda su vida por causa de mí, la hallará. (Mateo 16:24,25 RVR 1960)

Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí. (Juan 14:6 RVR 1960)

Para poder amarte a ti misma, la primera decisión que debes de tomar es rendirte a Cristo y confesarle que no puedes amarte, que has cometido muchos errores, pero que estás arrepentida y que tú realmente deseas que Él te muestre el camino hacia esa sanidad. Y ¿sabes? Él es el Camino. Tendrás que negarte a ti misma, a ya no tomar más el control. Y si perderás tu vida, perderás todo aquello a lo cuál te estabas aferrando y que definía tu valía. Todos esos ídolos, Dios los quitará y eso dolerá. Pero en Él, hallarás la verdadera vida. El Señor te regalará un nuevo corazón y un nuevo espíritu para poder amarte en verdad.

Además, os daré un corazón nuevo y pondré un espíritu nuevo dentro de vosotros; quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. (Ezequiel 36:26 LBLA)

 ¿Te imaginas? ¡Un nuevo corazón y un nuevo espíritu que sí sabe amarse! Es un verdadero milagro que Dios haga esto con nuestras vidas. Algunas mujeres nacieron en hogares llenos de amor, sanos, estables y con mucha libertad del Espíritu. Pero muchas otras mujeres, nacieron en hogares disfuncionales con poca luz de la Palabra. Sin embargo, eso no representa ningún problema para Dios con un corazón femenino realmente arrepentido. Él hace todo nuevo, y se especializa en casos que humanamente son imposibles de resolver. Es ahí donde Él se glorifica con grande poder.  

Querida amiga, si hoy has probado ya tantas maneras de llenar tu corazón y no te sientes satisfecha contigo misma, te animo a que tomes esta primera decisión. Según el autor John Baker, en su libro “Ocho decisiones Sanadoras”, esta es la primera decisión que debes de tomar:

Decisión #1: Reconozco que no soy Dios. Admito que soy impotente para controlar mi tendencia a hacer lo malo y que mi vida es ingobernable.

Si ya estás cansada de repetir una y otra vez conductas autodestructivas y de verdad deseas esa vida nueva y abundante, te exhorto a que hagas la siguiente oración para rendirle el control total de tu corazón al Señor:

Padre, hoy vengo a tu trono a confesarte que ya no puedo más. Ya no puedo seguir más esta vida, donde caigo una y otra vez en los mismos ciclos de dolor y frustración. Estoy arrepentida de llenar mi corazón con otras fuentes que no son Tú. Reconozco que Tú y solo Tú eres el Señor de mi vida, yo no la puedo gobernar. Toma el control de todo mi ser, y concédeme un nuevo corazón y un nuevo espíritu, uno en el cuál me ame de verdad. Enséñame a amarme con Tú amor, para que yo pueda amarte a Ti y a las personas que me rodean, de manera sana y pura. Regálame un nueva y saludable autoestima. Confío que Tú empezarás esa obra maravillosa a partir de esta oración. Gracias porque has esperado este momento desde hacía mucho tiempo atrás. Te lo pido con todo mi ser, en el nombre de Jesús. Amén.

¡Cantemos junto con el coro celestial! Esta oración ha cambiado por completo tu vida. A partir de hoy, el Señor te enseñará qué otras decisiones tomar, te llenará de sabiduría para saber amarte a ti misma, y elevar tu autoestima. En mi próximo post de mi blog, hablaremos más sobre cómo cambiar nuestros pensamientos negativos hacia nosotras mismas, y descubriremos cómo Dios utiliza el dolor más profundo en nuestras vidas para que recuperemos nuestro amor propio.

Si te ha bendecido este post, compártelo con tus amigas o familiares. Compartamos al mundo la sanidad de nuestros corazones a través de Cristo Jesús.

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