8 Decisiones para Amarte a Ti Misma: 2da. Decisión

Cuando eras una niña, ¿cómo era tu relación con tu padre terrenal? ¿con tu madre? ¿tuviste a tus padres en casa? ¿naciste con otras figuras paternas o maternas? Todas estuvimos rodeadas de personas que formaron parte vital en nuestro crecimiento. Pudo haber sido un padre, una madre, abuelos, tíos, etc. Cualquiera que haya sido nuestro caso, la relación que tuvimos con ellos marcó nuestra forma de pensar y actuar desde nuestra infancia. Y aún sigue repercutiendo.

Yo tuve el privilegio de crecer junto a mi padre y mi madre; sin embargo, crecimos en un hogar con muchos rasgos de machismo. Lastimosamente, no tuve una buena relación con mi padre, pues éramos muy diferentes para ese tiempo. En mi hermosa patria, Guatemala, así como en muchos países latinoamericanos, el machismo sigue siendo un problema vigente y estamos muy familiarizados con esta situación.

Mi percepción de Dios era de un Dios muy, muy, muy lejano. No sentía a Dios cerca, no sentía que Él tuviera cuidado de mí. Lo sentía un Dios castigador, un Dios que había temer. Pero llegó un día en mi vida, un día al parecer común y corriente, que cambió mi vida por completo. Mi padre falleció de un ataque cardíaco, y fue de un día para otro. Todo esto desmoronó a mi familia, sobre todo a mamá. Mamá enfermó gravemente, podía ver como mamá iba muriendo y papá acababa de fallecer. Y lo único que pude hacer fue hincarme de rodillas ante mi cama y le grité al Señor: “PADRE, NUESTRA BARCA SE HUNDE ¡SÁLVANOS!”

A partir de esa oración, mis demás oraciones hacia Dios fueron muy profundas. Ahí empezó una relación personal con él de manera genuina, una relación cara a cara. Mi relación con él fue mejorando, pero mi ser interior estaba quebrado por todo lo que había vivido desde mi infancia. Sentía que tenía poco valor, que no era suficiente, mi percepción de mi misma era muy pobre.

Y es que Dios viene a interrumpir nuestras vidas con grandes calamidades, para ¡SALVARNOS! Esto me recuerda al apóstol Pablo. Antes de ser llamado Pablo, él era llamado Saulo. Saulo era fariseo muy religioso, y su prioridad era erradicar la iglesia de Jesucristo. Él creía que los discípulos de Jesús estaban en el camino incorrecto, pero Jesús mismo lo confrontó:

Mas yendo por el camino, aconteció que, al llegar cerca de Damasco, repentinamente le rodeó un resplandor de luz del cielo; y cayendo en tierra, oyó una voz que le decía: Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? Él dijo: ¿Quién eres, Señor? Y le dijo: Yo soy Jesús, a quien tú persigues; dura cosa te es dar coces contra el aguijón. El, temblando y temeroso, dijo: Señor, ¿qué quieres que yo haga? Y el Señor le dijo: Levántate y entra en la ciudad, y se te dirá lo que debes hacer. (Hechos 9:3-6)

Jesús tuvo que intervenir para quebrantar el orgullo de Pablo y ¡PARA SALVAR SU VIDA! Saulo iba por el camino incorrecto. ¿Te imaginas a Saulo correr detrás para matar a los discípulos de Jesús? Pero Jesús vio su corazón, vio ese fuego por luchar por la causa del nombre de Dios. Luego de este encuentro, la Biblia menciona que Dios le quitó la vista por tres días y no bebió ni comió. Y fue llevado a Ananías para que orara por él y fuera sanado.

Entonces Saulo se levantó de tierra, y abriendo los ojos, no veía a nadie; así que, llevándole por la mano, le metieron en Damasco, donde estuvo tres días sin ver, y no comió ni bebió. (Hechos 3:8-9, RVR1960)

Fue entonces Ananías y entró en la casa, y poniendo sobre él las manos, dijo: Hermano Saulo, el Señor Jesús, que se te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno del Espíritu Santo. Y al momento le cayeron de los ojos como escamas, y recibió al instante la vista; y levantándose, fue bautizado. (Hechos 3:17-18, RVR1960)

Dios viene a nuestras vidas a interrumpir por completo nuestro camino, y a gritarnos: ¡HIJA MÍA, ESE NO ES EL CAMINO! Entonces utiliza el dolor como método para hacernos caer en cuenta que algo anda muy mal y requiere atención inmediata. Necesitamos ayuda.

En el caso de Pablo, el Señor le quitó la vista. Y tuvo que tener la ayuda de alguien para ser sanado. Saulo no podía sanar por su cuenta, era una situación en la que él se sintió impotente y reconoció que sólo Dios podía sacarlo de esta. En mi caso, Dios utilizó el fallecimiento de mi papá y la enfermedad de mi mamá, como para que yo pidiera auxilio. Y así mismo, este es tu caso. Si no has podido cambiar con consejos de otras personas, o con confrontaciones fuertes, el Señor tendrá que utilizar catástrofes para que puedas pedirle al Señor su ayuda. Así como yo lo hice, le grité a Dios con todas mis fuerzas que nuestra barca se hundía, que nos salvara.

Pueda que ahorita en tu vida has estado llenándote de otras fuentes para sentirte amada y valorada, pero Dios ha interrumpido tu vida para salvarte. Él te quiere decir hoy que desea rescatar tu amor propio, y te quiere hacer ver cuán valiosa e importante eres. Puede que la catástrofe sea una separación de noviazgo, la separación o divorcio con tu esposo, una crisis económica, una grave enfermedad o el fallecimiento de un ser querido. Dios utilizará cualquier método de dolor, para que descubras Su amor y descubras el verdadero amor propio.

En este momento de tu vida pueda que sientas una terrible culpa por los errores que has cometido. Crees que nunca podrás cambiar tu forma de ser, que esos patrones o comportamientos destructivos no se irán. Pueda que pienses que mereces algún tipo de castigo y que por ello estás viviendo este dolor. Empiezas a despreciar y condenar tu propia ser, incluso a sentir odio por lo que eres. Sin embargo, Jesús no vino a condenarte, vino a salvarte:

Porque no envió Dios a su Hijo al mundo para condenar al mundo, sino para que el mundo sea salvo por él. (Juan 3:17, RVR1960)

El Doctor en Psicología, Wayne W. Dyer, en su libro “Zonas Erróneas”, nos menciona que las equivocaciones o errores nos deben de servir de lección; pero no debemos de asociarlos con nuestra autoestima o autovaloración. No debemos de confundir nunca nuestro propio valor (que es un valor dado) con nuestro comportamiento o con el comportamiento de los demás hacia tu persona. Puede ser que no te guste como te has portado en un momento dado, pero eso nada tiene que ver con autovaloración. ¡Podemos escoger ser valiosas con nosotras mismas para siempre!

Desde hoy en adelante vamos a hacernos responsables de nosotras mismas. Parte de amarnos es tener conciencia de nosotras mismas. Para ello se requiere estar conscientes de nuestros viejos pensamientos y comportamientos. Nos hemos acostumbrado a patrones mentales desde que somos muy niñas. Patrones de inferioridad, incapacidad, conmiseración, desvalorización, etc. Pero hoy todo esto puede cambiar.

Nuestros pensamientos son los que controlan nuestros sentimientos y por tanto nuestras acciones. Tus pensamientos soy tuyos, eres tu quien decide qué pensar, que creer y que no creer. No podrías tener un sentimiento, emoción o acción, sin haber tenido un pensamiento previo. Sin el cerebro desaparece la capacidad de sentir. Un sentimiento o una acción, son una reacción a un pensamiento.

Dios ya vino a interrumpir nuestras vidas. Ahora hagámonos conscientes de nuestros pensamientos. Hemos empleado miles de horas en nuestra vida, reforzando pensamientos negativos a nuestra vida. Pero ahora el reto será emplear miles de horas más, en cambiarlos a pensamientos de bien y amor propio. ¿Es difícil? Sí, y mucho. Pero entre más lo practiques, como todo hábito, un día pensarás con amor propio de manera natural.

¿Te das cuenta de la importancia de nuestra mente? El mismo Pablo les escribió a los Romanos, a los Corintios y a los Filipenses que debían de cambiar su manera de pensar. Pablo sí que sabía que era vivir cada día cambiando sus pensamientos negativos de sí mismo, a pensamientos de amor propio. Él pudo haber sentido la misma culpa que nosotras por haber cometido errores muy serios. Sin embargo, el decidió creer lo que Dios decía de él y no permitió que sus errores lo definieran. Él decidió hacerse cargo de sus pensamientos y someterlos a la obediencia de Cristo Jesús.

No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta. (Romanos 12:2, RVR1960)

Derribando argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo. (1 Corintios 10:5, RVR1960)

Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad. (Filipenses 4:8, RVR1960)

Así que, amiga mía, hoy es el día de cambiar nuestra mentalidad. Primero habrá que cambiar tu percepción del Señor. El Señor no es un Dios lejano, distante, castigador, ni malvado… como yo solía verlo. Gloria al Señor, que Él me rescató y ahora sí que conozco su incomparable amor. Me ha llevado mucho tiempo, pruebas y paciencia cambiar esa mentalidad. Pero lo he logrado con la ayuda del Espíritu Santo. Como el mismo Pablo le decía a los Filipenses:

No que lo haya alcanzado ya, ni que ya sea perfecto; sino que prosigo, por ver si logro asir aquello para lo cual fui también asido por Cristo Jesús. Hermanos, yo mismo no pretendo haberlo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome a lo que está delante, prosigo a la meta, al premio del supremo llamamiento de Dios en Cristo Jesús. (Filipenses 3:12-14, RVR1960).

¡CUÁNTA ESPERANZA NOS LLENA CRISTO EN SU PALABRA! Hay esperanza amiga mía, podemos cambiar estos pensamientos. Olvidemos esos pensamientos autodestructivos, y creamos lo que Dios dice en su Palabra. El Señor es bueno, El Señor te ama, a Él le importas. Para Él tú tienes un inmensurable valor y tiene el poder para transformarte. Esta es la segunda decisión que debes tomar para amarte a ti misma:

Decisión #2: BUSCO AYUDA: Entiendo que Dios existe y que le importo. Creo que Él tiene el poder para ayudarme a recuperar. 

(Adaptación del libro “8 Decisiones Sanadoras”, de John Baker)

Necesitamos conocer realmente como es Dios. No como hemos creído que es, sino lo que Su Palabra dice quién es. No podemos confiar en Dios, hasta que no conozcamos su verdadero carácter. Así que aferra tu mente y tus pensamientos a la verdad de quién sí es Dios:  

Dios existe:
Para nosotros, sin embargo, sólo hay un Dios, el Padre, del cual proceden todas las cosas, y nosotros somos para él; y un Señor, Jesucristo, por medio del cual son todas las cosas, y nosotros por medio de él. (1ª. Corintios 8:6, RVR1960).

Dios es bueno:
Porque Jehová es bueno; para siempre es su misericordia, y su verdad por todas las generaciones. (Salmo 100:5, RVR1960).

Dios me ama:
Jehová se manifestó a mí hace ya mucho tiempo, diciendo: Con amor eterno te he amado; por tanto, te prolongué mi misericordia. (Jeremías 31:3, RVR1960).

Yo le importo a Dios:
Cercano está Jehová a los quebrantados de corazón; Y salva a los contritos de espíritu. (Salmos 34:18, RVR1960).

Él tiene el poder para transformarme:
 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales por su Espíritu que mora en vosotros. (Romanos 8:11, RVR1960).

Ahora que ya sabes estas verdades, haz junto conmigo esta importante oración para que el Señor te conceda ese amor propio a través de esta segunda decisión:

Padre, muchas gracias por mostrarme la verdad a través de Tu Palabra. Ya no deseo vivir más en mentiras, ya no deseo pensar mal de mi misma. Ya no deseo rechazarme, condenarme o despreciarme. Hoy me has hecho saber que tú has permitido todo por un buen propósito, y te pido que me ayudes a verte cada día conforme a lo que Tú realmente eres. Borra de mí todo pensamiento de la vida pasada. Dame una nueva mente, una que tenga el dominio propio para amarse sí misma. Recuérdame tus verdades cuando las necesite: tú eres un Dios bueno, que me ama. Hazme conocer ese amor eterno que me tienes, hazme ver tus bondades y hazme ver cómo tu poder me transforma día a día. Renueva todo mi ser, en el nombre de Jesús, amén.

¡FELICITACIONES AMIGA! A partir de hoy, conocerás a Dios de maneras que nunca imaginaste. En mi próximo post de mi blog, hablaremos más sobre los aspectos que nos impiden sanar nuestra belleza interior y qué hacer al respecto.

Si te ha bendecido este post, compártelo con tus amigas o familiares. Compartamos al mundo la sanidad de nuestros corazones a través de Cristo Jesús.

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