8 Decisiones para Amarte a Ti Misma: 4ta. Decisión

Artículo 4-01

¿Alguna vez has escrito en un diario? A mí desde que era bien niña me gustaba escribir en diarios. Tuve una temporada de mi vida donde los mismos complejos y miedos me impedían expresarme de manera verbal, así que escribir en diarios era mi escape para poder exteriorizar mi ser interior. Independientemente si has o no has escrito en un diario, lo más hermoso de esta experiencia es que tú puedes conocerte a ti misma a través de sus páginas. Escribir tus pensamientos, errores, aciertos, experiencias, aventuras y sin fin de cosas más, permite que puedas examinarte a ti misma y saber qué hay en realidad dentro de tu corazón.

Quienes hemos escrito en un diario, sabemos lo preciado y vulnerable que resulta ser. No queremos que nadie lo lea, pues contiene secretos que deseamos guardar, así que lo cerramos con llave y lo abrimos hasta que necesitamos expresar algo importante que nos ha sucedido.

Con mis blogs anteriores, vimos las tres primeras decisiones sanadoras para saber amarte a ti misma. Ya hemos reconocido que no somos Dios, y que necesitamos ayuda. Ya hemos comprendido que Dios es bueno y le importo, y ya hemos renunciado a tomar el control para que Dios nos cuide. Ahora vamos a aprender la cuarta decisión, y esta implica dejar que Dios tenga la llave de nuestro diario para sacar a luz lo que tenemos escrito dentro de nuestro corazón, tanto lo bueno como lo malo.

Hubo un hijo descrito en la Biblia, que relata como él se atrevió a abrir todos los secretos de su diario y pudo recibir el perdón de su Padre. Este es el hijo pródigo.

También dijo: Un hombre tenía dos hijos; y el menor de ellos dijo a su padre: Padre, dame la parte de los bienes que me corresponde; y les repartió los bienes. No muchos días después, juntándolo todo el hijo menor, se fue lejos a una provincia apartada; y allí desperdició sus bienes viviendo perdidamente. Y cuando todo lo hubo malgastado, vino una gran hambre en aquella provincia, y comenzó a faltarle. (Lucas 15:11-14, RVR1960)

¿Has pasado una situación similar a la del hijo pródigo? Yo sí. Ha habido momentos donde hemos querido tener el control de nuestras vidas y abandonamos a Dios, porque creemos que lo que nosotras decidimos es la mejor opción. Así que nos vamos lejos, nos perdemos en el mundo, hasta que nos damos cuenta que vivir en pecado no nos ha ofrecido lo que queremos. Hemos querido sentirnos amadas y validadas por ese hombre, y no lo conseguimos. Hemos querido recibir la aprobación de nuestro jefe y recibir un ascenso, pero se lo han dado a alguien más. Hemos querido obtener sentir seguridad con esa cantidad de dinero, pero miramos que nuestras cuentas no prosperan. Tantas situaciones, pero ninguna nos hace sentir satisfechas. Sentimos esa gran hambre porque comenzó a faltarnos, hasta sentirnos secas. Hemos cometido el pecado de colocar otras cosas y otras personas para definir nuestro valor e identidad, cuando el primero que lo debe de hacer es el Señor.

Y fue y se arrimó a uno de los ciudadanos de aquella tierra, el cual le envió a su hacienda para que apacentase cerdos. Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba. Y volviendo en sí, dijo: ¡Cuántos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre! (Lucas 15:15-17, RVR1960)

A este punto, intentamos llenar nuestro corazón, pero miramos que ninguna puerta se abre. Dios ha permitido que todas las puertas se cierren para que de una vez por todas miremos nuestra impotencia ante la situación y alcemos nuestros ojos arriba, hacia Dios. Así que reconocemos a Dios que no podemos más, que necesitamos ayuda y que tome el control. El hijo pródigo tomó las primeras tres decisiones sanadoras para amarse a sí mismo y ser transformado. Pero… ¡HIZO ALGO MÁS!

Me levantaré e iré a mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti. (Lucas 15:18, RVR1960)

El hijo pródigo se examinó a sí mismo. Él abrió su diario, lo leyó y volvió en sí. Se dio cuenta de que él había cometido muchos errores, que había pecado contra su Padre, pero que volvía a Él con un corazón realmente arrepentido. Cuán importante es examinarnos a nosotras mismas. El rey David nos muestra en una de sus oraciones lo importante que es. David, un hombre que adulteró y cometió asesinato, pero se examinó y corrió a su Padre para confesarle su pecado.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;

Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

(Salmos 139:23-24, RVR1960)

Tanto David como el hijo pródigo fueron sinceros consigo mismos. Dejaron de culpar a otros y decidieron hacerse responsables de sus malas decisiones y aceptar las consecuencias.

Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. Si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. (1 Juan 1:8-9, RVR1960)

En el diario de nuestro corazón, hemos escrito nuestras buenas decisiones y también nuestras malas decisiones. Ahí se ha registrado nuestro pecado. Pero cuando venimos ante Dios, le damos la llave de nuestro diario, Él entonces lo abre. Dejamos que Él lea todos nuestros secretos, y le confesamos nuestros pecados. Y ¿sabes qué es lo más maravilloso de Dios? Que Él no será ese Padre que te va a juzgar, que te va a gritar por lo que has hecho, ni se atreverá a tirar el diario de tu corazón. ¡TODO LO CONTRARIO! Va a correr por ti, abrazarte y besarte. Se regocijará y hará fiesta porque te has regresado a casa y has confesado tu pecado.

Y levantándose, vino a su padre. Y cuando aún estaba lejos, lo vio su padre, y fue movido a misericordia, y corrió, y se echó sobre su cuello, y le besó. Y el hijo le dijo: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, y ya no soy digno de ser llamado tu hijo. Pero el padre dijo a sus siervos: Sacad el mejor vestido, y vestidle; y poned un anillo en su mano, y calzado en sus pies. Y traed el becerro gordo y matadlo, y comamos y hagamos fiesta; porque este mi hijo muerto era, y ha revivido; se había perdido, y es hallado. Y comenzaron a regocijarse. (Lucas 15:20-24, RVR1960)

Él va a tomar ese diario con mucho cuidado, va a borrar aquella tinta que registró ese pasado. Él lo borrará y nunca más se acordará de esas palabras, porque te ha perdonado. Tu diario quedará limpio, como nuevo, y te dará la oportunidad de escribir historias llenas de victoria.

Venid luego, dice Jehová, y estemos a cuenta: si vuestros pecados fueren como la grana, como la nieve serán emblanquecidos; si fueren rojos como el carmesí, vendrán a ser como blanca lana.
(Isaías 1:18, RVR1960)

¿Te has dado cuenta cómo inicia Dios Su Palabra? “Venid luego”. Una vez que le confieses a Dios todos tus secretos, Él te pedirá que le cuentes tus pecados a personas de bien. Personas que te ayudarán a cambiar y a transformar tu corazón. ¿Cuándo debes hacerlo? ¡Luego! Lo más pronto que puedas. Pide a Dios que traiga personas a tu vida de confianza, que te valoren, con madurez espiritual y que reflejen el carácter misericordioso de Cristo. Él te los podrá rápidamente. Créeme, yo lo he hecho, le he pedido a Dios que me traiga y lleve hacia esas personas, y en el transcurso de dos semanas, ya estuve rodeada de ellas. Dios realmente obra de maneras increíbles y sorprendentes.

Decisión #4: LIMPIO MI VIDA: Ultimo mi pecado tras examinarme y confesar mis faltas a Dios y a una persona de confianza.  

(Adaptación del libro “8 Decisiones Sanadoras”, de John Baker)

Amiga mía, si deseas ser realmente prosperada, necesitas tomar esta decisión. Escribe un diario o en hojas todos tus secretos y entrégaselo a Dios. Escribe las personas quienes te han dañado y a las que tú has dañado, las causas, los efectos, los daños y los pecados que tú has cometido. Escribirlo te ayudará a examinar grandemente tu corazón y a liberarte de tu pasado. Es importante que lo registres, puesto que tendrás que presentárselo a Dios, y luego compartirlo a alguien más. Este mismo diario te ayudará más adelante a seguir sanando tu corazón, así que lo podrás seguir utilizando. Así que, si nunca has escrito en un diario, ¡ha llegado el momento de hacerlo! Por último, te invito a que hagas esta oración junto a mí:

Querido Padre, hoy aprendí cuán misericordioso y amoroso eres. Hoy vengo a ti a abrirte el diario de mi corazón. Para ti no hay nada oculto, así que hoy decido entregarte la llave de mi corazón para que leas todo aquello que ha ensuciado mi amor y valor propio. Te pido que me reveles todo aquello que necesito escribir, para que yo pueda compartírtelo a ti y a alguien de confianza. Por favor, pon en mi camino a personas de bien, personas llenas de amor y misericordia para que puedan ayudarme en mi proceso de sanidad. Ayúdame a confesarte a ti todos mis pecados, a confesarlos a esas personas para yo así ser prosperada con Tu Espíritu. Gracias por irme enseñando como amarme a mí misma, y por ser ese Padre que me recibe con los brazos abiertos cada vez que te confieso mi ser. Te lo pido en el nombre de Jesús, amén.

Si has hecho esta pequeña, pero sincera oración, Dios realmente transformará tu corazón. Te lavará y quedarás tan limpia y resplandeciente. En mi próximo post de mi blog, hablaremos cómo empezarán los cambios en tu vida, cómo Dios te transformará y quitará esos hábitos auto destructivos que ya no deseas más.

Si te ha bendecido este post, compártelo con tus amigas o familiares. Compartamos al mundo la sanidad de nuestros corazones a través de Cristo Jesús.

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