8 Decisiones para Amarte a Ti Misma: 7ma. Decisión

¿Te has topado con un libro que te haya hecho enamorarte de la lectura? ¿has sentido esa misma pasión por leer la Palabra de Dios? Recuerdo que la Biblia era un libro que me costaba mucho leerlo, me parecía tan difícil de comprenderlo. La podía comprender mejor cuando alguien más me la explicaba, pero no sentía ese fervor por leer la Palabra de Dios. Pero llega ese momento en tu vida, donde la Biblia se convierte en tu libro de libros. El libro que no puedes dejar de leer, porque es tu pan de vida. Y solo a través de ella te sostienes, te nutres y te fortaleces. Hoy vamos a aprender algo demasiado importante sobre la lectura de la Biblia, Y cómo esta nos ayuda a no caer más en hábitos y complejos auto destructivos.

Nuestro ejemplo de hoy será el más grande de todos los humanos: Jesucristo. La Biblia nos cuenta que Jesús estaba lleno del Espíritu, y fue el mismo Espíritu quien lo dirigía hacia el desierto por cuarenta días. No había comido nada durante todo ese tiempo y tuvo mucha hambre, así que el diablo llegó para tentarlo.

Entonces el diablo le dijo: Si eres Hijo de Dios, di a esta piedra que se convierta en pan. Jesús, respondiéndole, dijo: Escrito está: No sólo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra de Dios. (Lucas 4:4-5, RVR 1960).

¿Sabes? Jesús fue tentado en todo, pero él no pecó. A mí me ha asombrado mucho saber que el mismo diablo se sabe de memoria la Biblia y como la utiliza para que nosotras caigamos en la tentación. Y por eso nosotras tenemos que leer también la Biblia, memorizarla y saberla utilizar con la dirección del Espíritu Santo. Jesús estaba lleno del Espíritu, y su espada fue la Palabra de Dios para no caer en la tentación de comer.

Hay momentos en donde nuestra carne se siente muy débil, y queremos saciarla con pan. Pueda que por mucho tiempo atrás has tratado de calmar tu hambre o sed con cosas que el mundo te ofrece, pero que sus caminos son de destrucción. Tal vez has querido calmar tu dolor con alguna adicción: desórdenes alimenticios, relaciones sexuales fuera del matrimonio, pornografía, masturbación, alcoholismo, tabaquismo, adicción a ejercitarte, etc. Pueda también que hayas encontrado un refugio en la conmiseración para poder adquirir la atención de otras personas. O tal vez no has podido decir no y poner límites sanos, con tal de recibir el pan de la aprobación de otros en tu vida.

Pero el Señor sabe que todas estas cosas te llevan a un camino de muerte, y dejará que caigas muchísimas veces para que te des cuenta que ¡NO PUEDES SOLA! Necesitas de Él y necesitas el apoyo de otras personas. Cuando tratamos de salir de este tipo de complejos o adicciones, podemos tener reincidencias, ya que tendemos a repetir patrones conductuales. Pero…

¡¿Cómo volvemos a caer en lo mismo si sabemos que nos hace tanto daño?!

Cuando ya nos rendimos al Señor y Él empieza a sanarnos, nuestro dolor va reduciendo. Y pensamos que podemos vivir con eses nivel reducido de dolor. Entonces cuando el enemigo empieza a tentarnos, en lugar de echarlo fuera a la primera, empezamos a negociar con él. Se nos olvida lo malo que solía ser estar en esa vida pasada y… ¡QUEREMOS VOLVER A TOMAR EL CONTROL! Entonces nos exponemos nuevamente a situaciones riesgosas y terminamos tomando malas decisiones. Entonces cedemos a estos malos hábitos y el resultado es catastrófico.     

El primer problema radica en que nuevamente confiamos en nuestra propia fuerza de voluntad y en nuestras propias fuerzas, cuando Dios ya ha sido muy claro al respecto:

Fíate de Jehová de todo tu corazón,
Y no te apoyes en tu propia prudencia.

Reconócelo en todos tus caminos,
Y él enderezará tus veredas.

No seas sabio en tu propia opinión;
Teme a Jehová, y apártate del mal;

Porque será medicina a tu cuerpo,
Y refrigerio para tus huesos.

(Proverbios 3:5-8, RVR 1960)

Yo puedo ver cómo el diablo no solamente le tentó a Jesús una vez, sino tres veces. El enemigo va a querer que cedas, va a querer tengas reincidencias. Te va a llevar a lugares de riesgo para que tú nuevamente creas que todos estos complejos y medios adictivos tienen el poder de ofrecerte una solución, cuando el único que te ofrece una vida nueva es Dios:

Y le llevó el diablo a un alto monte, y le mostró en un momento todos los reinos de la tierra. Y le dijo el diablo: A ti te daré toda esta potestad, y la gloria de ellos; porque a mí me ha sido entregada, y a quien quiero la doy. Si tú postrado me adorares, todos serán tuyos. Respondiendo Jesús, le dijo: Vete de mí, Satanás, porque escrito está: Al Señor tu Dios adorarás, y a él solo servirás. (Lucas 4:5-8, RVR 1960).

Debes de tener presente que sola no puedes salir. Caes de nuevo cuando te alejas de las personas a quienes rindes cuentas. Cuando te sientas tentada, debes acudir a alguien que te ayude en oración. Si no lo haces, nadie puede animarte a hacer lo correcto. Recuerda:

Mejores son dos que uno; porque tienen mejor paga de su trabajo. Porque si cayeren, el uno levantará a su compañero; pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. (Eclesiastés 4:9-10, RVR 1960).

El orgullo te hace ciega a tu propia debilidad y te impide buscar ayuda. Crees que lo puedes controlar por ti misma, que tienes la capacidad… ¡cuando bien sabes que sin Dios no puedes! La humildad es lo que tanto necesitas pedirle al Señor en oración para que no tengas ninguna recaída y un quebrantamiento vergonzoso.

Delante de la destrucción va el orgullo, y delante de la caída, la altivez de espíritu. (Proverbios 16:18, LBLA)

Entonces… ¿CÓMO PUEDO PREVENIR UNA RECAÍDA? Tomando la 7ma. Decisión sanadora:

Decisión #7: RESERVO UN TIEMPO DIARIO A SOLAS CON DIOS, para examinarme, leer la Biblia y orar, a fin de conocer a Dios y su voluntad para mi vida, así como adquirir el poder que necesito para hacer su voluntad.

(Adaptación del libro “8 Decisiones Sanadoras”, de John Baker).

Necesitas adquirir los tres siguientes hábitos en tu vida. Hábitos que debes de poner en práctica a diario. Tienes que adquirir una nueva disciplina, tal vez al inicio te cueste, pero cuando veas cómo Dios te va transformando y guardando de caer, tu gozo te permitirá continuar batallando.

1. Examinarme: evalúa cómo te sientes, qué es lo que realmente te ha herido. Sentimientos has identificado como rechazo, abandono, injusticia, temor, etc. Evalúa también tu cuerpo, si te sientes cansada, estresada o enferma. Mira en tus relaciones si tienes paz o no con ellos, qué conflictos te están afectando. Sé sincera, y evalúa cuánto tiempo pasas con Dios cada día ¿nada, 5 minutos, 10 minutos? Examínate junto al Señor y qué Él te revele lo que realmente te está afectando.

Examíname, oh Dios, y conoce mi corazón;
Pruébame y conoce mis pensamientos;

Y ve si hay en mí camino de perversidad,
Y guíame en el camino eterno.

(Salmo 139:23-24, RVR 1960).

2. Leer la Biblia: debes de tomar el tiempo necesario para leer y meditar la Palabra de Dios. Puedes escucharla o también puedes encontrar Biblias con devocionales para que guíen tu lectura. Incluso hay Biblias que tú misma puedes ilustrar. Medita cómo puedes aplicarla en tu vida diaria, memoriza versículos como lo hizo Jesús. Así atacarás con tu mente y tu boca al enemigo, en el momento exacto de la tentación.

En mi corazón he guardado tus dichos,
Para no pecar contra ti. (Salmo 119:11, RVR 1960)

3. Orar: con la oración, tú te conectas directamente con el Señor. Le demuestras a Dios que no puedes sin Él. Ora y recítale a Dios los versículos que has aprendido. Ora y pide auxilio. Ora y pide a Dios porque te transforme y te dé el valor de hacer lo correcto. Platica con Él como a un buen Padre que te aconsejará y apoyará en el momento de debilidad. Y pide ayuda a una amiga para que ore junto a ti.  

Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad está dispuesto, pero la carne es débil. (Mateo 26:41, RVR 1960).

Mi querida amiga, si tú te esfuerzas en cumplir con estos 3 hábitos, ten por seguro que el Señor te guardará de muchas caídas y mucho dolor. Y, además, el Señor te irá moldeando y te irá quitando esas heridas, complejos y malos hábitos que has tenido por tantos años. Acompáñame a hacer la siguiente oración, para que tomes la 7ma. Decisión sanadora:

Padre celestial, te agradezco por hacerme comprender la grandiosa importancia de buscar tiempo contigo en oración y meditación de la Palabra. Yo te pido Señor que me ayudes a obtener esta nueva disciplina. Dame la fuerza para hacerlo, porque yo sé que esto traerá la vida abundante que tanto me prometes. Examina mi corazón y en los momentos donde necesite rendirte algo de mi corazón, házmelo saber para que siempre esté a cuentas contigo. Hazme libre de todo complejo, mal hábito y adicción. Ayúdame a ya no buscar saciarme del mundo, sino solamente de ti. Ayúdame a no caer en tentación y líbrame del mal. Hazme cada día ser más la mujer que tanto anhelas que sea. En el nombre de Jesús, amén.

¡Muy bien mi amiga! Me siento muy feliz que hayas hecho esta oración junto a mí. Dios te dará las fuerzas para cumplir con Su perfecta voluntad. En mi próximo post de mi blog, leeremos la última decisión sanadora. Esta nos revela cuán importante es ayudar a otros para que nosotras sigamos sanando. ¡Espéralo!   

Si te ha bendecido este post, compártelo con tus amigas o familiares. Compartamos al mundo la sanidad de nuestros corazones a través de Cristo Jesús.

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